Como emprendedor viajero (o nómada digital), recorriendo en bicicleta largos tramos de tierra con poca gente con quien hablar, he tenido mucho tiempo para reflexionar sobre la vida y el trabajo. A menudo me sorprenden los paralelos entre la vida y la bicicleta, y trato de relacionar las lecciones que aprendo en mis viajes en bici con lo que enfrento en mi día a día.
Estas son 5 lecciones que aprendí sobre la bicicleta y que han tenido un impacto positivo en mi vida.
1. El viento y el clima importan, pero no tanto como tus ganas
En mis viajes, lo único para lo que nunca pude prepararme de verdad fue el clima. Te pones el rompevientos y empieza a hacer calor. Te lo quitas y empieza a llover.
Puedes intentar prepararte, pero lidiar con el clima tiene más que ver con cómo reaccionas que con cuánto te preparas.
Cuando iba en bici por la costa de Portugal, de Oporto a Lisboa, el viento soplaba a 55 km por hora. Lo que parecía un camino plano o en bajada se sentía como una subida. Lo que debía ser una pequeña colina se sentía como una montaña. Ay, qué desmotivador era.
Pero fueron mis ganas las que me empujaron, no el viento.
Nuestras ganas nunca deberían apagarse por la situación o el entorno en el que estamos. No deberíamos permitir que esa fuerza abrumadora que nos golpea en la cara descarrile nuestros sueños y nos frene. Tampoco deberíamos usarla como excusa para rendirnos.
Los árboles crecen entre los edificios. Las plantas brotan a través del suelo firme. Los países se levantan de las cenizas y las ruinas de la destrucción.
No dejes que el viento afecte tus ganas, tu determinación o tu voluntad de triunfar.
2. Un pedaleo a la vez
Encontrarte con una cuesta larga y empinada mientras vas en bici puede desanimarte. Pero los ciclistas saben que lo que más importa es el siguiente pedaleo. Si te enfocas en eso, puedes vencer la cuesta.
Abajo no es momento de pensar en todo el esfuerzo que cuesta llegar a la cima. Es momento de levantarte del asiento y usar cada gota de energía, cada célula de tu cuerpo, para dar el siguiente pedaleo. Y el siguiente. Y el siguiente. Y el siguiente. Hasta que hayas subido esa colina.
En la vida y en el trabajo pasa lo mismo.
La mayoría nos desanimamos cuando vemos dónde estamos en comparación con dónde queremos estar. Demasiadas personas se bajan de la bici apenas ven una cuesta empinada. Ni siquiera intentan el primer pedaleo. Abandonan sus ideas y sus sueños porque se enfocan demasiado en toda la montaña de esfuerzo que implican.
Quédate en la bici. Ignora la montaña. Enfócate en el siguiente pedaleo y llegarás.
3. Cambia de velocidad según el camino
Como ciclista, cambias a una velocidad baja cuando vas cuesta arriba. Cuando viene una bajada, cambias a una velocidad alta. Si vas a hacer un recorrido largo, buscas una velocidad que vaya con tu comodidad y tu resistencia.
Siempre estás cambiando de velocidad según la situación, la urgencia y el entorno.
Lo mismo pasa en tu vida diaria y en tu trabajo. Subes la velocidad para cumplir con una fecha límite. Bajas la velocidad para relajarte un poco. Sobre todo, necesitas encontrar una combinación que te funcione a largo plazo. Una velocidad equilibrada y sostenible para ti. Presta atención a tus cambios.
4. Lleva siempre tu kit de herramientas y una llanta de repuesto, y prepárate para ensuciarte las manos
Todo ciclista sabe que el kit de herramientas y la llanta de repuesto son indispensables. Aunque vayas a dar una vuelta corta, nunca sabes qué puede pasar. Es mejor tenerlos y no necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos.
En la vida, siempre es bueno estar preparado para cualquier situación y aceptar que habrá momentos en los que simplemente tendrás que ensuciarte las manos.
Espera lo mejor y prepárate para lo peor.
5. Sigue avanzando
Einstein dijo una vez: “La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, debes seguir moviéndote”. Lo que no dijo es que debes seguir avanzando.
No importa tu velocidad ni cuánto recorras cada día, siempre que sigas avanzando y progresando.

Avanza siempre. Progresa cada día, aunque sea algo pequeño. Haz del progreso un hábito, no algo ocasional.
¡Nos vemos en la cima de la cuesta! ;-)


