No todos los jóvenes quieren ir a la universidad o seguir estudiando después de la preparatoria. Algunos prefieren entrar de inmediato al mundo laboral y encontrar un buen trabajo en algo que les guste y que quieran aprender.
En mi caso, por ejemplo, decidí estudiar y trabajar en la construcción, el tema de este artículo. Miren, esto es lo que pasa cuando terminamos la preparatoria: todos, o al menos la mayoría, cometemos el error de “seguir la moda” y lo que mejor paga, sin tomar en cuenta lo que nos encantaría hacer y aquello en lo que cada uno de nosotros, como persona, es bueno.
Así que en este artículo hablaremos de las ventajas y desventajas de la construcción como carrera, y de 5 lecciones que aprendí trabajando en ella.
Para empezar, para trabajar en la construcción necesitas tener al menos 16 años, aprobar el examen provincial de calificación del oficio que solicitas, completar con éxito el curso de salud y seguridad general para obras de construcción y tener un diploma de preparatoria.
Sin embargo, para la mayoría de los trabajos de obra en construcción, el diploma de preparatoria es el requisito mínimo de estudios. Además, en una escuela de oficios te enseñan cómo convertirte en un trabajador de la construcción calificado.
Aprenderás a usar ciertos equipos, a leer planos, a manejar herramientas y maquinaria pesada, y a operar plataformas elevadoras de brazo. Algunas áreas exigen una formación larga. Por ejemplo, la carrera de electricista toma unos 9 meses de clases y hasta 4 años en total, con 144 horas de formación técnica y 2,000 horas de capacitación pagada en el trabajo por cada año de aprendizaje. Mi primera experiencia en la construcción fue un lunes muy frío por la mañana en Montreal, Canadá. Me sorprendió, por un lado, el clima, y por otro, que no podía usar mi abrigo de invierno porque así era imposible amarrarme el cinturón de herramientas a la cintura. Después supe que la mayoría de la gente usa dos sudaderas con capucha, y ese es el típico abrigo de invierno de un trabajador de la construcción. Era un contrato para la ciudad de Montreal, una biblioteca para Pierrefonds, en el West End. Al entrar a la obra, vi que el edificio ni siquiera tenía paredes ni ventanas instaladas. Desde ese momento supe que me esperaba un largo camino para conocer este campo, pero aceptaba todos los retos, así que ¿por qué no?, y además la primavera estaba por llegar.
En esa biblioteca tuve la oportunidad de estar desde el inicio hasta el final del proyecto. Me dio 2 años y medio de experiencia en la construcción y fue mi obra favorita: ahí aprendí todo. Mi primer compañero de trabajo fue Michael. Tenía 63 años y había empezado a trabajar como hojalatero a los 16. Era lo único que sabía hacer, pero era el mejor que he conocido en el oficio. Para quienes no lo saben, un hojalatero es un trabajador que fabrica o repara objetos de lámina de metal, como la hojalata.

Mi primera lección vino de Mike: me enseñó a estar siempre atento a todo lo que pasa a mi alrededor si no quería lastimarme. En una obra comercial grande hay más de 100 personas, como plomeros, carpinteros, electricistas, mecánicos de elevadores y más. Con Mike hacíamos de todo, desde instalar sistemas de ventilación hasta armar tramos para otros trabajadores. Me enseñó a leer un plano, algo muy difícil de entender la primera vez porque no es un plano hecho solo para ti, sino para toda la obra, y tienes que entender muy bien cada cota y cada medida para no toparte con una pared o una tubería del trabajo de otra persona. Y Mike solo explicaba una vez: si no estabas escuchando, era tu problema. Louis fue mi segundo compañero de trabajo; a veces pasaba el día con él cuando Mike no necesitaba mi ayuda. Era el mejor maestro del mundo, porque se aseguraba de que entendieras bien antes de dejarte solo. Me enseñó a trabajar correctamente, a tomarme mi tiempo pasara lo que pasara, porque en la construcción era más difícil rehacer un trabajo que hacerlo bien una sola vez. Me mostró cómo equiparme por completo con ropa y herramientas, y cómo inscribirme en los beneficios y el seguro. Mi segunda lección fue tener paciencia en todo y nunca apresurarme.
Mi primera obra fue mi favorita y pensé que todas iban a tener el mismo ambiente y la misma ética de trabajo. Fue todo lo contrario: nunca volví a estar en un gran equipo como el primero ni a aprender de esa manera. La mayor parte del tiempo me transferían de una obra a otra, y eso me molestaba.
A veces la madre naturaleza tiene otros planes para ti, y ahí es donde mi tercera lección te ayudará a estar mejor preparado. Un día caluroso y húmedo en el centro de Montreal, estábamos renovando Holt Renfrew Ogilvy; fue de verdad una de las obras más difíciles y exigentes que he tenido. La mayoría de las tiendas y oficinas seguían abiertas durante la renovación porque trabajábamos por secciones del edificio. Ese día recibimos 2 camiones de 53 pies llenos de equipo: ductos de ventilación, escaleras, mesas para planos, aislantes, varillas, material de suspensión y cajas de cinta y pegamento. Éramos tres aprendices y teníamos la misma tarea: vaciar el camión antes del almuerzo. Empezó a llover a cántaros y, ni 15 minutos después, uno de los muchachos tuvo que volver adentro para ayudar a los demás. Terminamos siendo 2 para descargar los dos camiones bajo la lluvia. Yo siempre reviso el clima un día antes, y así puedes llevar más ropa al trabajo o al menos estar mejor preparado; sin embargo, ese día me equivoqué por completo. Cuando terminamos el maratón de descarga bajo el agua, estaba empapado de pies a cabeza y tuve que seguir así el resto del día. No había forma fácil de ir a casa y volver a tiempo: el almuerzo duraba solo 30 minutos y eso era justo lo que tardaba en llegar a mi casa.
La cuarta lección en la construcción: lleva siempre ropa extra, porque nunca sabes cómo va a ser el día.
En la quinta lección, tienes que llevar tus propias herramientas contigo. A nadie le gusta prestar su equipo porque el equipo se lo roban, y eso lo aprendí por las malas. Al principio no tenía bolsa de herramientas; reunir el equipo correcto lleva tiempo, porque la mayoría de las herramientas son caras y el presupuesto siempre es limitado.
Mucha gente cree que, como terminas a las dos de la tarde, tu trabajo es increíble. Sin embargo, levantarte a las cuatro de la mañana, ser el único que se alista para ir a trabajar y saber que a las seis empieza tu jornada hasta las dos era agotador físicamente. Durante el día caminas kilómetros, además de mover y cargar equipo pesado todo el día. La mayor parte del tiempo trabajaba solo y en entornos difíciles, a veces de noche, haciendo demoliciones, trabajando bajo tierra y sin ver la luz del día. Eran muchas cosas que no conocía y, día tras día, perdía interés en el trabajo; quedarme ahí solo por el dinero no era el mejor camino. Al final del día siempre terminaba agotado, física y mentalmente, por las horas que pasaba manejando y trabajando. Quería más y sabía que era capaz de más; un mejor estilo de vida era lo único que tenía en mente. Además, en una obra, hasta un pequeño resbalón o una caída puede causar una lesión grave. Aunque hoy las obras son mucho más seguras que nunca, las condiciones peligrosas siguen siendo algo que siempre debes tener en cuenta antes de elegir la construcción como tu medio de vida. La construcción es un término muy amplio, y los salarios varían según el tipo de trabajo que hagas y tus habilidades. Sin embargo, en comparación con otros trabajos manuales, un trabajador de la construcción puede esperar un excelente sueldo cuando hay trabajo. La construcción es un término muy amplio, y los salarios varían según el tipo de trabajo que hagas y tus habilidades. Sin embargo, en comparación con otros trabajos manuales, un trabajador de la construcción puede esperar un excelente sueldo cuando hay trabajo. En general, muchos oficios te permiten ganar $50,000 o más cuando ya tienes suficiente experiencia. Y si tienes tu propio negocio, trabajas para una empresa exitosa o tienes un puesto de gerente o supervisor, puedes ganar todavía más. Otra ventaja de trabajar en la construcción es que, en muchos oficios, es fácil entrar y empezar una carrera casi sin experiencia. En muchos oficios puedes empezar como ayudante, trabajar duro, aprender el oficio en unos cuantos años y avanzar en tus habilidades, tu puesto y tu salario. Muchos contratistas en oficios como la carpintería, la remodelación y otros buscan personas trabajadoras y con ganas de aprender. Durante tus primeros dos años en la construcción, los más experimentados te van a poner a prueba, dependiendo también de tu equipo y tu empresa. Siempre serás el elegido para el ‘día de limpieza’, que suele ser cada viernes: vaciar la basura del cuarto de empleados, descargar cada mañana el camión del capataz cuando trae material, ordenar a diario el almacén y aislar las rejillas con un pegamento especial. Y probablemente eso será lo que hagas por un buen tiempo, de lunes a viernes.

En resumen
Por eso, tienes que ser paciente sin importar las circunstancias ni lo que te pongan enfrente. Al principio cuesta adaptarse, pero después de un par de meses tendrás tu oportunidad de instalar y trabajar con los demás. Si lo haces bien, probablemente nunca vuelvas a hacer esas tareas de antes. Esta es mi experiencia completa de dos años en el mundo de la construcción y mi primer contacto con la vida adulta. Aprendí mucho en esos años; solo tenía diecisiete cuando empecé. Interesarme en la construcción me ayudó a arreglar cosas en casa y a ser hábil con las manos; forja el carácter y te ayuda a madurar más rápido. Así que, a todo joven que no sepa qué hacer después de la preparatoria y quiera conocer este campo: no te vas a arrepentir, termine como termine.
